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miércoles, 11 de marzo de 2020

Catequesis III: Las Causas de los Fenómenos Místicos Extraordinarios


Todas las visiones y revelaciones y los sentimientos del cielo no valen tanto como un acto de humildad.(San Juan de La Cruz).

Vamos a dividir esta catequesis en tres artículos, dedicados a cada una de las tres causas de los fenómenos extraordinarios que pueden producir los fenómenos verdadera o falsamente místicos: Dios, la simple naturaleza y el demonio, correspondientes a los tres mundos que hemos examinado en las catequesis I y II:  sobre el mundo de lo sobrenatural, de lo natural y de lo preternatural.

Dios Como Autor de Los Fenómenos Místicos:

 La primera fuente de los fenómenos místicos—la única y exclusiva de los verdaderos—es el mismo Dios como autor del orden sobrenatural. No puede haber en ello dificultad alguna. Los fenómenos místicos—en efecto—se desarrollan siempre, como veremos, en alguno de estos tres campos o en varios de ellos a la vez: el intelectual, el afectivo o el orgánico.

Ahora bien: ¿no tiene Dios, acaso, libre acceso a esos tres campos y no puede extender o restringir a su voluntad la esfera de sus actividades, multiplicar o suspender sus energías? En el orden intelectual, ¿no podrá Dios, que es la Luz y la Verdad por esencia (Jn. 8,12; 14,17), abrir a nuestro espíritu puramente intelectuales o por medio de signos sensibles exteriores o interiores?

¿Quién podrá discutir al Bien Infinito, término ideal de nuestra vida afectiva?; el poder de obrar directamente sobre nuestra voluntad y determinar en ella, por medio de la gracia, ímpetus y ardores que rebasen sus fuerzas naturales? Y en el orden puramente corporal y orgánico, ¿no podrá Dios alterar nuestras energías corporales modificando libremente sus formas y sus funciones? Las manifestaciones sobrenaturales que no comprometan ninguna ley moral o que no impliquen contradicción pueden, pues, tener a Dios por autor, ya que el poder divino no reconoce otros límites que los del mal moral o del absurdo.

Causas inmediatas de los fenómenos místicos:

La mayor parte de los fenómenos místicos extraordinarios los producen o pueden reducirse fácilmente a las gracias llamadas gratis dadas. Decimos la mayor parte y no todos, porque—como veremos al estudiar los fenómenos en particular—muchos de ellos se explican, sin más, por una especie de redundancia y efecto connatural del grado sublime de espiritualización a que han llegado las almas místicas en las que esos fenómenos suelen realizarse.

En este sentido, algunos de ellos podrían ser atribuidos a ciertos efectos extraordinarios de los dones del Espíritu Santo, que no entran, sin embargo, en el desarrollo normal de la gracia ni se producen—por lo mismo—en todos los santos, a pesar de que todos ellos poseen los dones del Espíritu Santo en grado sublime de desarrollo. De todas formas, la fuente principal de los fenómenos extraordinarios son siempre las llamadas gracias gratis dadas, que vamos a estudiar ampliamente a continuación.

Las Gracias «Gratis Dadas»

1-Introducción. —Como explica San Pablo en su maravillosa epístola primera a los Corintios, las gracias o dones de Dios son múltiples y diversos, más el Espíritu es uno mismo.

2- Todos cuantos beneficios hemos recibido de Dios, aun en el orden puramente natural, son gracias y dones suyos. Y todos en un sentido amplio podrían llamarse gracias gratis dadas.

3-Como quiera que, independientemente de la libre voluntad de Dios, que ha querido derramarlos graciosamente sobre nosotros, no podía haber en nosotros mismos título alguno o exigencia que los reclamara. No olvidemos que la causa omnímoda de todas las cosas es la voluntad libérrima de Dios.

Pero esto, no obstante, para precisar mejor la diferencia entre los dones naturales y los sobrenaturales y, dentro de los sobrenaturales, entre unas gracias y otras, es preciso restringir la terminología y circunscribirla a expresar un grupo determinado de gracias en el conjunto innumerable de todas las que hemos recibido de Dios.

Concepto fundamental y principales divisiones de la gracia:
Según el uso bíblico y el eclesiástico recibido en Teología, la palabra gracia se emplea tan sólo para significar el don sobrenatural concedido por Dios a la naturaleza racional en orden a conseguir la vida eterna.

La tercera persona de la Santísima trinidad es la personificación del amor Divino. Sin embargo, su esencia consustancial con el Padre y el Hijo la obra del espíritu santo es la Santificación y la glorificación de los hombres por esto antes de su pasión Jesús promete el Espíritu Santo por tres razones:

1-La primera es una razón de carácter psicológico. El Espíritu Santo es la presencia de Dios entre nosotros, presencia que obedece a un deseo de la voluntad y de la libertad divina, ello representa para el hombre una consolación.

2-La segunda es una razón cristológica basada en el carácter sublime de la naturaleza gloriosa de cristo, El Espíritu Santo es un Don de Cristo triunfante, es el primer don de la Redención con el cual Dios libera al Hombre y lo hace recibir las gracias por ello la pascua de cristo es un acontecimiento de reconciliación que restaura la paz entre Dios y el Hombre y el testimonio de una nueva alianza y eterna son garantes: La Sangre, el Agua y el Espíritu.

3-La tercera razón es Salvífica por el Don y la gracia del espíritu santo derramada en nuestros corazones el hombre se reconcilia con Dios. El verbo hecho hombre es la fuente de la fe y del amor y posee la plenitud de la gracia de la cual participamos   y que hace al hombre conforme y agradable ante Dios. La perfecta.

Pero al analizar este don establecen todavía los teólogos muchas divisiones y subdivisiones. Y así hablan de la gracia increada y de la creada, de la gracia de Dios y de la de Cristo, de la habitual y de la actual, de la preveniente, operante y concomitante; Etc. De todas estas divisiones y subdivisiones hay una que aquí nos interesa sobremanera destacar. Es la que divide la gracia—por razón del fin a que se ordena—en gracia habitual o santificante(  gratum faciens) y la  gracia  (gratis dada).

a-La gracia habitual o santificante— ( gratum faciens)—que es la gracia,  tiene por objeto establecer la amistad sobrenatural entre Dios y nosotros, dándonos una participación física y formal—aunque accidental, como es obvio—de la naturaleza misma de Dios. Abarca tres aspectos distintos, aunque inseparables entre sí: la gracia santificante propiamente dicha, las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo.

b. La gracia( gratis dada)—en cambio—tiene por objeto inmediato o directo, no la propia santificación del que la recibe, sino la utilidad espiritual del prójimo. Y se llama gratis dada porque está fuera no solamente de la potencia natural—que esto es común con la misma gracia santificante—, sino incluso del mérito sobrenatural de la persona que la recibe. Veamos cómo lo expresa Santo Tomás:

«La gracia es doble: una por la cual el hombre mismo se une con Dios, y se llama gracia gratum faciens; otra por la cual un hombre coopera a que otro se vuelva a Dios, y ésta se llama gracia gratis dada, porque está sobre el poder de la naturaleza y se concede al hombre por encima del mérito de la persona. Pero como no se le da para que quede él mismo justificado, sino más bien para que coopere a la justificación de otro, por eso no se llama gratum faciens. Y de ésta dice el Apóstol (1 Cor. 12,7): «A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad», esto es, para utilidad de los demás».
 La Naturaleza de las gracias «gratis dadas». —Recogiendo ahora la doctrina de Santo Tomás sobre la naturaleza de las gracias gratis dadas esparcida a lo largo de sus obras, podemos precisar los siguientes puntos fundamentales:

1- Las gracias gratis dadas no forman parte del organismo sobrenatural de la vida cristiana, integrado por la gracia habitual, las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo. Ni tienen punto de contacto con la gracia actual, que es la que pone en ejercicio los hábitos anteriores.

2-Las gracias gratis dadas requieren, pues, en cada caso una intervención directa y extraordinaria de Dios, de tipo milagroso.

De estas características esenciales que acabamos de señalar se desprenden las siguientes principales consecuencias, que nos interesa destacar aquí:

a) Que sería temerario y soberbio desear o pedir a Dios todas las gracias, gratis dadas. Como quiera que no son necesarias para la salvación ni santificación y requieren—muchas de ellas al menos—una intervención milagrosa de Dios. Vale más un pequeño acto de amor de Dios que resucitar a un muerto.

b) Que la causa instrumental de que Dios se vale para producir tales hechos milagrosos—el hombre—no necesita estar unida sobrenaturalmente con El por la caridad, ni mucho menos ser un santo.

c) Que esas gracias no se ordenan de suyo al bien del sujeto a quien se conceden, sino al provecho de otros y edificación de la Iglesia.

d) Que por lo mismo no es menester que todos los santos estén adornados con las gracias gratis dadas, puesto que son independientes de la santidad. De hecho, muchos santos no las tuvieron. San Agustín expone muy bien la razón cuando dice que Dios no ha querido ligar necesariamente estos dones milagrosos a la santidad para no dar pie a la flaqueza humana a hacer más caso de estas cosas que de las buenas obras que nos merecen la vida eterna.

Numero de las gracias «gratis dadas». —Expuesta ya someramente la naturaleza de estas gracias, vengamos ahora a la cuestión del número de las mismas. Como base fundamental hay que  y partir de la clasificación de San Pablo. Escuchemos, ante todo, las palabras del gran Apóstol en su primera Epístola a los fieles de Corintio: 

(1 Cor. 12,7-11). «Y a cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad. A uno le es dada por el Espíritu la palabra de sabiduría; a otro la palabra de ciencia, según el mismo Espíritu; a otra fe en el mismo Espíritu; a otro don de curaciones en el mismo Espíritu; a otras operaciones de milagros; a otra profecía, a otra discreción de espíritus, a otro género de lenguas, a otra interpretación de lenguas. Todas estas cosas las obra el único y mismo Espíritu, que distribuye a cada uno según quiere».


Para contemplar de un solo golpe de vista, en visión sintética de conjunto, el magnífico tratado de Santo tomas de Aquino, comentando la clasificación de San Pablo, vamos a transcribirle aquí en forma de cuadro sinóptico :


Es preciso, sin embargo, no exagerar demasiado  sobre esta doctrina de los dones y las gracias. Es cierto que la gracia habitual o santificante se ordena de suyo a santificar al que la recibe y que las gracias gratis dadas se ordenan de suyo al provecho del prójimo. Pero no hemos de olvidar que cualquier gracia de Dios—teológicamente considerada—se ordena en último término a la salvación eterna, ya sea intrínsecamente y por su propia entidad, ya extrínsecamente por especial disposición de Dios.

No es obstáculo para que la gracia habitual se dé de tal manera para la santificación del que la recibe, que pueda y a veces deba redundar en beneficio de los demás. Y, al contrario, las gracias gratis dadas, aunque de suyo se den para utilidad de los demás, puede y debe el que las recibe o ejercita utilizarlas también para intensificar su propia vida espiritual y Santidad.

+++ Bendiciones

lunes, 2 de marzo de 2020

Catequesis II: Tratado de Los fenómenos místicos extraordinarios.


Nihi Per Daemoniu Nisi Demonstratum.("Nada tiene su causa en el demonio mientras no se demuestre lo contrario”). Esta regla no es perfecta ya que por ejemplo, aunque yo crea que una tentación tiene su origen en mí, puede proceder del demonio sin yo ni siquiera sospecharlo. Esto también es válido para cualquier otro ámbito en que lo externamente natural pudo tener su causa en una oculta intervención demoníaca.

No obstante, vienen más beneficios de seguir tajantemente esta regla que he expuesto que de dejarse llevar de una sospecha continua. Rotundamente hay que afirmar que lo natural tiene una causa natural. Un científico sólo puede achacar a causas no físicas sólo aquellos fenómenos que de ninguna manera se pueden explicar por causas de este mundo material. Eso sí, tampoco es más científico si a toda costa quiere explicar los hechos preternaturales con las leyes de este mundo.

Al continuar el presente tratado y de esta tercera fuente de fenómenos Preternaturales aparentemente místicos, hemos de contentarnos con someras indicaciones. No podemos desarrollar ampliamente un tema que contiene casi toda la Teología de los ángeles y que desborda los límites del presente estudio.

Noción de lo «preternatural». —Los teólogos designan comúnmente con el nombre de «preternatural» al sobrenatural relativo, de que hemos hablado más arriba. Es aquel que está fuera del orden natural ordinario y normal, pero que no trasciende en modo alguno el orden natural absoluto o simplemente. O en otra forma todavía más clara: es aquel que excede y trasciende alguna de las fuerzas en  nuestra naturaleza.

Es preciso tener en cuenta esta noción de «preternatural» cuando tratemos de señalar las causas de los fenómenos místicos. Lo preternatural —con relación a los hombres—lo constituye lo que es propio y natural en los ángeles buenos o malos. No olvidemos que fuera de este mundo material que conocemos por los sentidos existe otro mundo que escapa en absoluto a esta clase de conocimiento. Ese otro mundo, compuesto de criaturas inteligentes buenas o malas, ángeles o demonios, está en comunicación real, íntima y misteriosa con nosotros los habitantes de este mundo. Los habitantes de ese otro mundo están fuera de nuestro orden natural, en otra esfera distinta, en un plano completamente diferente. Es, con relación a nosotros, el mundo de lo preternatural.

Por eso—y lo advertimos de una vez para siempre—llamaremos «preternaturales»» con respecto a nosotros) a los fenómenos debidos a la intervención de los ángeles o de los demonios, y reservaremos el nombre de fenómenos «naturales» para designar los hechos que se producen, según las leyes ordinarias de la naturaleza, entre los habitantes de este mundo, del que formamos parte nosotros.

Doctrina teológica sobre los demonios. —He aquí, brevísimamente expuesta, la doctrina de la Iglesia sobre los demonios y las principales conclusiones a que han llegado los teólogos partiendo de los datos revelados:

1) Es de fe que existen los demonios, o sea, un número considerable de ángeles que fueron creados buenos por Dios, pero que se hicieron malos por su propia culpa.

2)Los demonios ejercen, por permisión de Dios, un maligno influjo sobre los hombres, incitándoles al mal y a veces invadiendo y torturando sus mismos cuerpos.

3)En medio de los asaltos y torturas de los demonios, la voluntad humana siempre permanece libre. La razón es porque—como explica Santo Tomás—la voluntad sólo puede ser inmutada de dos maneras: intrínseca o extrínsecamente. Ahora bien: sólo Dios puede moverla intrínsecamente, ya que el movimiento voluntario no es otra cosa que la inclinación de la voluntad a la cosa querida, y sólo Aquel que ha dado esa inclinación a la naturaleza intelectual puede inmutarla intrínsecamente; porque, así como la inclinación natural procede del Autor de la naturaleza, así la inclinación voluntaria no viene sino de Dios, que es el autor de la misma voluntad. Extrínsecamente, la voluntad puede ser movida de dos maneras:

a)Por Eficiencia: O sea, actuando sobre el mismo entendimiento y haciéndole aprehender el objeto como bien apetecible (y en este sentido sólo Dios puede mover eficazmente la voluntad, porque sólo Él puede penetrar directa e intrínsecamente en el entendimiento).

b)Por Ineficiencia: Es decir, a modo de simple persuasión y éste es el modo que corresponde a los ángeles—buenos o malos—y a los demás seres creados, que pueden influir sobre nosotros. El demonio, pues, sólo puede mover la voluntad extrínsecamente, esto es, ofreciendo a los sentidos externos e internos las especies de las cosas que incitan al mal o excitando el apetito sensitivo para que tienda desordenadamente a esos bienes sensibles; jamás inmutando intrínsecamente la misma voluntad.

Los ángeles buenos y los demonios pueden inmutar e influenciar intrínsecamente la imaginación y los demás sentidos internos y externos La razón es porque esta inmutación puede producirse por el movimiento local de las cosan exteriores o de nuestros humores corporales, y la naturaleza corporal obedece al ángel en cuanto a su movimiento local, como explica Santo Tomás.

Los demonios no pueden hacer verdaderos milagros, como quiera que éstos excedan por definición las fuerzas de toda naturaleza creada o creable. Pero como la potencia de la naturaleza angélica—que conservan íntegra después de su pecado—excede con mucho las fuerzas naturales humanas, pueden los demonios hacer cosas prodigiosas, que exciten la admiración del hombre en cuanto que sobrepasan sus fuerzas y conocimientos naturales.

El demonio, pues, tiene una potencia natural muy superior a la del hombre y puede obrar con ella cosas prodigiosas, que, sin ser verdaderos y propios milagros, exciten la admiración de los hombres y planteen verdaderos problemas para el discernimiento de esos fenómenos en su relación con los naturales y los sobrenaturales. En su lugar señalaremos las principales reglas de discernimiento en cada caso; pero bueno será que ya desde ahora adelantemos, en sintética visión de conjunto, lo que el demonio no puede hacer de ninguna manera por exceder en absoluto sus fuerzas naturales y lo que de suyo no excede su capacidad y potencia natural, y podría por lo mismo realizar con la permisión divina.

¿Qué es la influencia externa? :

La influencia externa es la situación en la que un demonio asedia de forma continuada a una persona. Este asedio puede durar días, semanas o meses. En la influencia externa, si mueve cosas en el lugar donde está la persona, o provoca ruidos u olores, esto puede ser percibido por otros testigos y no sólo por la persona que sufre ese asedio. En la influencia interna, el demonio provoca visiones o sensaciones pero que sólo son vistas o sentidas por la persona que sufre esa influencia.

Contra la influencia externa la propia oración del interesado es sumamente eficaz y muchas veces basta para acabar con este fenómeno. Cuanto más asista a misa, vaya a la iglesia, use de agua bendita y haga actos de piedad, más insufrible hará al demonio el estar a su lado. Si bien hay casos en que esta influencia externa es usada por Dios.

¿Qué es la influencia interna?:

La influencia en general es el fenómeno por el que un demonio ejerce cierta influencia sobre el cuerpo, la mente o el espíritu de una persona. En este tipo de ataque demoníaco el mal espíritu no llega a poseer el cuerpo de la persona, de forma que no habla a través de él. Y si llega a mover algo el cuerpo durante las oraciones (por ejemplo, las manos), la persona está consciente. Pero cuando hay una influencia interna el movimiento del cuerpo, si lo hay, es ligero: la persona se pone rígida, agita los brazos, pone caras extrañas, pero no pasa de estos signos externos.


Fuente Grafico: Summa Demoniaca padre Antonio Fortea

La influencia interna puede ser sobre el cuerpo provocando determinadas enfermedades sobre la mente, provocando una influencia del demonio sobre las potencias del alma induciendo de forma obsesiva a determinados vicios o pensamientos obsesivos.

Cuando se ora por una persona que tiene una influencia la reacción es distinta a la de la posesión. La persona siente un malestar general que acaba concretándose en un lugar concreto del cuerpo. O bien la persona acaba no pudiendo controlar la tensión que le provoca la oración, y hace movimientos extraños con los miembros, pero sin perder la consciencia. En otras ocasiones la influencia se manifiesta por la tremenda crispación que se manifiesta en manos o cara, crispación que suele ser la fase previa a la manifestación de la posesión, pero que en estos casos nunca se pasa de esta fase previa, es decir, nunca se llega a producir el trance. Y no se produce el trance porque no hay posesión del cuerpo, sino sólo una influencia sobre éste.

Para los casos de influencia interna, la persona tiene que recibir oración de liberación. Bien sea hecha por el sacerdote para que le libere de esa influencia, o bien sea hecha por un grupo de laicos que oren por él. Siempre es preferible la oración comunitaria a la de una sola persona, pues el poder de la oración se suma.

Hay que añadir que cuanto más leve es la influencia del demonio sobre una persona más difícil es discernir si hay de verdad algo demoníaco o no. Pues en materia de discernimiento de las influencias demoníacas, es donde el sacerdote suele estar más a expensas de lo que le diga el que las sufre. La posesión suele tener una manifestación más clara, más perceptible. La influencia demoníaca mucho menos. Y cuanto más leve, más difícil.

Cuando alguien me viene a ver para consultarme qué es lo que tiene y veo que como mucho hay sólo una influencia demoníaca, y que hasta esto no está claro, suelo decirle: mire, en materia de posesión hablo con seguridad, si le digo que está poseso es que lo está, pero cuando sólo hay una influencia no puedo dictaminarlo con la misma seguridad, porque yo sólo juzgo por lo externo. Tras eso le doy consejos espirituales y le digo que cuanto más se fortalezca en la vida espiritual menos poder tendrá el demonio sobre él.

No obstante, en otros casos la influencia demoníaca sobre el cuerpo o la mente de una persona es patente e inequívoca a juzgar por los datos que he dado antes. En esto, como en el discernimiento de la posesión, la experiencia lleva a poder dictaminar con total seguridad en los casos en que ese nivel de certidumbre es posible. No siempre es posible esa seguridad, pues la posesión supone eso: una posesión sobre éste.

¿Cuál es la diferencia entre influencia externa e interna?
En esta distinción conviene profundizar y distinguir bien. Pues en este campo de las influencias se hallan la mayor parte de las personas que atiende un exorcista. Casos de posesión hay pocos, pero casos de influencias muchos. En la influencia externa el demonio está fuera, en la influencia interna el demonio está dentro. Esa es la diferencia radical entre ambos fenómenos.

En un caso de influencia externa la persona nunca dará ningún signo. Ni entrará en trance, ni se sentirá mal, ni nada, porque está fuera. En la influencia interna sí que hay signos, porque está dentro. Es decir, cuando el sacerdote ora por la persona, ésta siente que se le mueven los parpados, se le ponen los ojos en blanco, o se le mueven las manos, o comienza eructar, o tiene ganas de vomitar, o siente dolor en una parte del cuerpo. Se le llama influencia interna, porque al mal espíritu se le siente dentro cuando se ora por esa persona. Y, además, cuando es liberada, siente a ese espíritu que va subiendo y que sale por la boca.

La influencia externa o Vejación   la puede padecer un santo. Ejemplo de influencia externa es el cura de Ars arrastrado por el demonio por el suelo de la habitación. Y no sólo santos, por ejemplo, una persona que ve que las cosas se mueven, o las puertas que se abren. Cambia de lugar y el fenómeno le persigue. Ejemplo de influencia externa, es la noche oscura del espíritu que sufren las personas que se dedican a la oración, o una crisis de escrúpulos que puede durar meses, o terribles tentaciones de desesperación a pesar de una intensa vida espiritual.

Mientras que en la influencia el demonio está dentro, pero sin poseer. La influencia en el cuerpo produce enfermedades, la influencia en la mente es una persistente idea, temor o impulso que el demonio que está dentro introduce en la mente de la persona. Si el demonio estuviera fuera sería una tentación. Pero cuando está dentro la influencia es mucho más intensa y persistente que cuando está fuera.

Es mucho más fácil acabar con la influencia externa que con la influencia interna. En la influencia externa con pocas oraciones, del tipo que sean, el demonio se ve obligado a alejarse. A no ser que sea una influencia externa que Dios permite para edificación del alma, como es el caso de la noche oscura. En los casos en los que la influencia externa es permitida como parte de una etapa de la evolución espiritual de la persona, las oraciones no acabarán con esa influencia externa.

Para muchos sacerdotes, incluso dedicados a este campo, estos tres fenómenos (posesión, influencia externa e interna) forman un gran dilema en el que no acaban de distinguir lo uno de lo otro. Pero si se ven muchos casos, las características de cada fenómeno aparecen perfectamente delimitadas.

+El Demonio clausus, es el que no habla,
+El Demonio apertus, es el que habla y se manifiesta abiertamente.
+El Demonio abditus, es el que está dentro pero no da ningún signo de estar.

¿Cómo sabemos entonces que está dentro un demonio abditus? Pues porque en algún momento ha manifestado su presencia, dando pruebas de que lo que padecía esa persona era de naturaleza demoníaca. Para cada fenómeno demoníaco que pueda acaecernos, hay un tipo de oración específica:

+Para la tentación, está el mandatum.
+Para la influencia interna, está la oración de liberación.
+Para la posesión, está el exorcismo.
+Para la infestación, está la Oración de Liberación o el exorcismo de la casa.
+Para la influencia externa, el único remedio es el aumento de la vida de oración.

Siempre que seamos tentados, podemos ordenar al demonio que se marche en el nombre de Dios. Pero si la influencia es externa porque un demonio nos asedia, lo único que podemos hacer es aumentar nuestra vida espiritual, para que la oración, la gracia, y la luz de la que se llene nuestra alma, le alejen a ese demonio.

¿Qué es el mandatum? :

 El mandatum es la orden dada privadamente y de modo puntual ordenándole al demonio en el nombre de Cristo a que se aleje. Cuando una tentación se prolonga y es de una gran intensidad, cualquier persona en silencio, en su interior, puede dar la orden al demonio de lujuria, de tentación contra la esperanza, o contra la fe, etc., que se aleje. Por poner un ejemplo basto con que mentalmente le ordene: en el nombre de Jesús, espíritu de rencor aléjate. Ese mandatum practicado una sola vez y con fe, suele dar resultados tan inmediatos como sorprendentes.

Pero, aunque el mandatum aleja al demonio de forma automática, posteriormente puede volver. Y la persona debe entender que la tentación forma parte integrante de su evolución espiritual. La tentación purifica y fortalece, y podemos tener la plena seguridad de que Dios no permitirá que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas. La tentación es un combate espiritual, somos soldados de Cristo, y estas luchas invisibles son parte de nuestra prueba sobre la tierra. Los demonios tuvieron su prueba y nosotros tenemos la nuestra. Podemos evitar el pecado, pero no hay forma de evitar la tentación.

¿Qué es la oración de liberación?:

La oración de liberación es la oración que se hace para acabar con la influencia del demonio en una persona. Suele realizarse por parte de un sacerdote sólo o por un grupo de laicos (con o sin un sacerdote) que oran a Dios para la persona sea liberada de toda influencia demoníaca. Si en el exorcismo uno conjura al demonio, en la oración de liberación, por el contrario, la oración va dirigida a Dios. Si se trata de un grupo de la Renovación Carismática será utilísimo que el grupo ore en lenguas. Si alguien del grupo quisiera dirigirse al demonio directamente, esa persona debería tener autorización del obispo del lugar para hacer tal cosa. Para la oración de exorcismo se requiere una autorización para cada caso. Pero para que un grupo pueda hacer oración de liberación basta un permiso general del obispo para los casos que se presenten.

Habiendo dejado claro el tema de los permisos episcopales, hay que decir que, aunque haya algún momento en que se ordene al demonio salir de una persona, no es un exorcismo. No es un exorcismo primero porque no hay una posesión, segundo porque no se dirige uno al demonio en ningún momento, sólo se ora a Dios para que le libere de cualquier mala influencia. Aun en el caso de que se tenga ese permiso para dirigirse al demonio y ordenarle que salga, no es un exorcismo ni litúrgica ni jurídicamente hablando. Sino que se trata de una oración de liberación en la que se insertan unas órdenes al demonio. Pero si el grupo (o el que dirige ese grupo) carece de tal autorización episcopal, bastará orar a Dios para que sea Él el que destruya el poder del demonio sobre ese sujeto.

Las oraciones de liberación a veces logran su efecto en pocos minutos, pero en ocasiones pueden ser necesarias muchas sesiones. La influencia lejos de ser algo leve, puede ser un fenómeno muy persistente y con graves consecuencias en la salud de la persona. Por eso puede haber casos en que lo mejor sea que el sujeto se pase por uno de estos grupos una vez a la semana para que oren por él unos cuantos minutos cada vez: cinco minutos, diez o quince. En los casos de influencia el incremento de la vida de oración de la persona puede romper esas ataduras del demonio sobre su cuerpo y su alma.

¿Qué es la posesión? :

La posesión es el fenómeno por el que un espíritu maligno reside en un cuerpo y en determinados momentos puede hablar y moverse a través de ese cuerpo sin que la persona pueda evitarlo. El espíritu maligno no reside en el alma, ésta en toda circunstancia sigue siendo libre e incapaz de posesión alguna. Sólo el cuerpo es susceptible de sufrir posesión.

¿Cuáles son las características esenciales para diagnosticar una posesión? :

Los criterios diagnósticos que debería presentar un sujeto para que sospecháramos de posesión serían los siguientes:

1)Ante lo sagrado o lo religioso se da una gama de sensaciones que van, según el sujeto, desde el fastidio hasta el horror, desde la leve expresión de molestia hasta la manifestación de ira y furia.

2)En estos casos más extremos, el horror lleva a accesos de furia, acompañados normalmente de blasfemias o insultos dirigidos hacia el objeto religioso que se ha situado en la proximidad.

3)El poseso en los episodios agudos de manifestación de ira furiosa, pierde la consciencia. Cuando vuelve en sí no recuerda nada. La amnesia es total y absoluta. Sin embargo, aunque no recuerde nada el sujeto durante el episodio ha padecido un cambio de personalidad mientras ha durado esa crisis de furia. Durante esa crisis una segunda personalidad emerge.

4)Esa segunda personalidad siempre tiene un carácter maligno. Es frecuente que durante esos momentos las pupilas se vuelvan hacia arriba, o hacia abajo, dejando los ojos en blanco. Los músculos faciales se ponen frecuentemente en tensión. También las manos muestran crispación. En esos momentos de crisis, la persona articula la voz llena de odio y rabia.

5)Acabada la crisis furiosa, la persona vuelve lentamente a la normalidad, el tránsito de vuelta a la normalidad es prácticamente similar en cuanto al tiempo y al modo al tránsito que se observa de la vuelta del estado de hipnosis al estado normal de conciencia.

6) Fuera de las crisis furiosas en que emerge la segunda personalidad, la persona lleva una vida completamente normal, sin que esta patología afecte para nada ni a su trabajo ni a sus relaciones sociales. El sujeto aparece como una persona perfectamente cuerda. En todo momento distingue perfectamente entre la realidad y el mundo intrapsíquico, no observa una conducta delirante.

7)En algunos casos sí exponen cosas que parecen alucinaciones sensoriales (concretamente exponen que, esporádicamente, ven sombras, sienten una difusa sensación extraña en alguna parte concreta del cuerpo u oyen crujidos). Por el contrario, no oyen voces internas, ni sienten que algo les corre bajo la piel.

¿Qué es el exorcismo?:

El exorcismo es el rito por el que se ordena al demonio salir del cuerpo de un poseso. La esencia del exorcismo es la conjuración, es decir, la orden dada al demonio en el nombre de Jesús para que abandone ese cuerpo.

El rito eclesiástico del exorcismo contiene muchos ritos menores (la letanía de los santos, liturgia de la Palabra, rezo de la oración dominical, etc.), pero su verdadera esencia es la conjuración del demonio. Las oraciones dirigidas a Dios son deprecativas, es decir, se le suplica. Mientras que al demonio nunca se le pide nada, sino que se le conjura, esto es, se le ordena. Y se le ordena por el poder sacerdotal o por el poder inherente en el mismo nombre de nuestro Redentor.

Si en un exorcismo no hubiera conjuración, no habría verdadero exorcismo. El rasgo definitorio y específico del exorcismo es la conjuración. De hecho, la palabra griega exorkizein significa justamente eso conjurar. El conjuro es entonces es la orden dada al demonio en el nombre de Jesús para que abandone ese cuerpo poseso.

Existen dos maneras de realizar un exorcismo propiamente dicho:

Exorcismo ritual: es el exorcismo que se hace siguiendo el Ritual de Exorcismos
Exorcismo no ritual: es el exorcismo que se logra con oraciones privadas y no litúrgicas.

+Lo que el demonio no puede hacer:

1) Producir un fenómeno sobrenatural de cualquier índole que sea. Es algo que rebasa y trasciende toda naturaleza creada o creable, siendo propio y exclusivo de Dios.

2) Crear una substancia. Supone un poder infinito el hacer pasar una cosa de la nada al ser. Por eso, las criaturas no pueden ser utilizadas por Dios ni siquiera como instrumentos de creación.

3)Resucitar verdaderamente a un muerto. Únicamente podría simular una resurrección aletargando a un enfermo o produciendo en él un estado de muerte aparente para producir la ilusión de su maravillosa resurrección.

4) Curar instantáneamente heridas o llagas profundas. La naturaleza —incluso en manos de la potencia angélica—requiere siempre cierto tiempo para poder realizar esas cosas. Lo instantáneo está tan sólo en manos de Dios.

5) Las traslaciones verdaderamente instantáneas. Suponen una alteración de las leyes de la naturaleza, que únicamente puede realizarla su Autor. El demonio, como espíritu puro, puede trasladarse de un sitio a otro sin pasar por el medio. Pero no puede trasladar un cuerpo sin que éste tenga que recorrer todo el espacio que separa el punto de partida del punto de llegada y esto no puede hacerse instantáneamente por muy rápido que supongamos ese movimiento.

6) Las leyes actuales no permiten en modo alguno la compenetración de los cuerpos sólidos. El demonio, espíritu puro, puede, sin duda, atravesar a su arbitrio las substancias materiales; pero conferir a un cuerpo el privilegio de compenetrarse con otros—atravesando,  una pared—supone una virtud trascendente que Dios se reserva para sí.

7) La profecía estrictamente dicha sobrepasa las fuerzas diabólicas, aunque puede el demonio simularla con ayuda de previsiones naturales, de fórmulas equívocas o de mentiras audaces. Sin embargo, Dios puede valerse de falsos profetas para anunciar alguna cosa verdadera, como en el caso de Balaam o de Caifás; pero entonces aparece claro por el conjunto circunstancias que el falso profeta es utilizado corte aquel momento como instrumento de Dios.

8)El conocimiento de los pensamientos y de los futuros libres escapa igualmente al control de Satanás; sólo puede valerse de conjeturas. Pero téngase presente que para la extraordinaria potencia intelectual de la naturaleza angélica las conjeturas son mucho más fáciles que para el psicólogo más eminente; el temperamento, los hábitos adquiridos, las experiencias pasadas, la actitud del cuerpo, la expresión de la fisonomía, el conjunto de circunstancias, etc., etc., hacen adivinar fácilmente a los espíritus angélicos las meditaciones silenciosas de nuestro entendimiento y las determinaciones secretas de nuestra voluntad.

9) El demonio no puede producir en nosotros fenómenos de orden puramente intelectual o de la Voluntad. Ya hemos señalado más arriba la razón: en el santuario de nuestra alma, nadie, fuera de Dios, puede penetrar directamente. Estas son, brevemente expuestas, las principales cosas que el demonio no puede hacer, relacionadas todas con los fenómenos místicos. Omitimos muchas otras cosas que no interesan a nuestro propósito. Veamos ahora rápidamente—en espera de un examen más detenido en sus lugares correspondientes—los fenómenos místicos que el demonio podría falsificar.

 +Lo que el demonio puede hacer permitiéndole Dios:

1) Producir visiones y locuciones corporales o imaginarias (no las intelectuales).

2) Falsificar el éxtasis (produciendo un desmayo preternatural).

3) Producir resplandores en el cuerpo y ardores sensibles en el corazón. Hay más de un ejemplo de «incandescencia diabólica».

4) Producir ternuras y suavidades sensibles.

5) Curar, incluso instantáneamente, ciertas enfermedades extrañas producidas por su acción diabólica. Claro está que no se trata propiamente de curación, sino tan sólo de «dejar de dañar», como dice Tertuliano: Como la pretendida enfermedad era debida exclusivamente a la acción de Satanás, cesando la causa, desaparece instantáneamente el efecto.

6) Producir la estigmatización y los demás fenómenos corporales y sensibles de la mística, tales como los olores suaves, coronas, anillos, etc. Nada de esto sobrepasa las fuerzas naturales de los demonios, como veremos en sus lugares correspondientes.

7) No puede el demonio derogar las leyes de la gravedad, pero puede simular milagros de este género por el concurso invisible de sus fuerzas naturales. Téngase presente para la cuestión de la levitación: pueden darse levitaciones diabólicas, como en el caso de Simón el Mago.

8) Puede substraer los cuerpos a nuestra vista interponiendo entre ellos y nuestra retina un obstáculo que desvíe la refracción de la luz o produciendo en nuestro aparato visual una impresión subjetiva completamente diferente de la que vendría del objeto.

9)Puede producir la combustión de un cuerpo interponiendo un obstáculo invisible entre él y el fuego.

En resumen: todos los fenómenos que puedan resultar de un movimiento natural de fuerzas físicas, aunque el hombre no sea capaz de producirlas ni siquiera llevando hasta el límite máximo sus energías naturales, puede en absoluto producirlas el demonio—supuesta la permisión divina—en virtud de su propia potencia natural, extraordinariamente superior a la del hombre. Pero, cualquiera que sea la naturaleza del fenómeno producido por las fuerzas diabólicas, no rebasará jamás la esfera y el orden puramente natural. Lo sobrenatural no existe aquí más que por relación al hombre, esto es, en cuanto que los fenómenos producidos sobrepujan las fuerzas humanas; pero, considerados en sí mismos, se trata de realidades pura y simplemente naturales. Es un caso típico de sobrenatural relativo, que debe llamarse, con mayor precisión y exactitud teológica, «preternatural».

 Oración de San Benito: Para alejar de tu entorno cualquier tipo de maldad e influencia Demonica:

+Cruz Sancti Patras Benedicti Crux Sacra Sit Míhi Lux Non Dráco Sit Míhi Dux Váde Rétro Sátana! Númquam Suáde Míbi Vana Sunt Mála Quaë Lébas Ipse Venena Bibas.+

+Cruz del Santo Padre Benito Mi luz sea la Cruz Santa, No sea el demonio mi guía ¡Apártate, Satanás! No sugieras cosas vanas, Pues maldad es lo que brindas Bebe tú mismo el veneno.+


+++ Bendiciones.

Fuentes Bibliograficas: TANQUEREY, Teología ascética n.1480-1549; P. I. G. MENÉNDEZ-REIGADA, Los dones del Espíritu Santo v la perfección cristiana.
Pbro ANTONIO FORTEA. Summa Demonica  .Tratado de demonología y manual de exorcistas. 

sábado, 22 de febrero de 2020

Catequesis I: Tratado de Los fenómenos místicos extraordinarios.


Santa Catalina de Siena es una mística dominica, que vivió en el siglo XIV. En 1347, el día de Pentecostés, recibió los estigmas. Confió este secreto en 1375 a Raimondo di Capua, su confesor. Nadie vio nunca esas heridas porque eran –parece-- invisibles. Habría sido ella quien pidió la gracia de llevarlas escondidas.

Uno de los aspectos de la Mística que más interés ha despertado en todos los campos del saber ha sido indudablemente el relativo a los fenómenos extraordinarios que suelen presentarse casi siempre en la vida de los grandes místicos experimentaron. En torno a estos fenómenos maravillosos ha aparecido en los últimos años una abundantísima literatura de muy diversa tendencia y orientación. 

Los racionalistas han lanzado sus mejores máquinas de guerra contra este aspecto tan sorprendente de lo sobrenatural, han tratado de abrir brecha en las explicaciones de los teólogos católicos negando el carácter sobrehumano de los fenómenos narrados en las Sagradas Escrituras explicándolo todo por causas físico psíquicas, con frecuencia patológicas y siempre puramente naturales. 

Es, pues, de sumo interés y de palpitante actualidad examinar este problema a la luz de los grandes principios de la Teología católica tradicional y de los últimos hallazgos y descubrimientos de las ciencias experimentales modernas. He aquí lo que nos proponemos hacer, aunque sea a grandes rasgos, en esta última parte de nuestra del presente tratado y estudio.

Es elemental en filosofía que solamente hemos alcanzado el conocimiento científico de una cosa cuando logramos señalar sus causas. (No en vano lo define la ciencia). Mientras no se sale del campo de lo particular y de los fenómenos místicos, sin embargo, no hemos entrado todavía en el campo de la ciencia:», Es preciso remontarse por la vía del análisis de lo particular a lo universal, de los efectos a las causas, de lo que es posterior a lo que es anterior.

 Ahora bien; los fenómenos extraordinarios de la Mística cuya investigación científica vamos a emprender, únicamente pueden ser atribuidos a alguna de estas tres causas: referentes a las manifestaciones sobrenaturales, preternaturales o una puramente natural.

Es imposible la producción de un fenómeno real o aparentemente místico que no pueda ser clasificado en alguno de estos apartados, puesto que ellos recogen, en toda su universalidad, el conjunto de todas las causas posibles. Si el fenómeno procede de Dios, pertenecerá al grupo de las causas sobrenaturales; si del demonio, al de las preternaturales, y si de la imaginación del paciente o de alguno de los agentes que constituyen el mundo físico exterior, al de las puramente naturales.

No hay ni puede haber otro género de causas, ya que los ángeles buenos no son sino fieles mandatarios de Dios, y, por lo mismo, su acción no constituye una causalidad específicamente distinta de las que acabamos de señalar.

Es preciso e  indispensable para nuestro estudio, señalar de antemano los caracteres de estos tres mundos: el divino, el diabólico y el humano. Ello constituirá el capítulo primero de esta parte de nuestro tratado, dejando para el segundo el examen directo de los fenómenos místicos. Pero antes consideramos oportuno recordar algunas nociones previas sobre los conceptos de «natural», «sobrenatural» y «preternatural». Con ello quedan perfiladas las líneas fundamentales de nuestro estudio, que para mayor claridad, vamos a recoger en forma de breve esquema:

1-Nociones Previas :
+Fenómenos Naturales 
(Manifestaciones de Dios en la Naturaleza).
+FenómenosSobrenaturales (Manifestaciones Divinas).
+FenómenoPreternaturales (Manifestaciones angélicas o Diabólicas).
+Explicación y Conclusión de los Hechos y Causas.

La noción de Manifestaciones de Dios en la «naturaleza».
La palabra naturaleza puede tomarse en diversos sentidos. He aquí los principales: En cuanto significa o expresa la esencia de una cosa concreta, ejemplo naturaleza del oro, de un animal, del hombre, etc.), en un sentido individual y universal. En cuanto significa el conjunto de todas las cosas del universo, mutuamente dependientes entre sí según leyes determinadas en sentido colectivo.

En cuanto significado la esencia o naturaleza de una cosa como principio radical de las operaciones y pasiones que le convienen en sentido dinámico y en un continuo movimiento y transformación. En este sentido habla Santo Tomás cuando dice: En el primer y tercer sentidos la palabra natural puede aplicarse analógicamente a la naturaleza divina y a las naturalezas creadas. Lo natural. —Según los principios anteriores, lo «natural» para cualquier ser será todo aquello que le conviene según su naturaleza: «Y puede convenirle de alguna de estas seis maneras:

1) Constitutiva- (del latín: Constitutive): Y aquí entran todos los elementos que constituyen su esencia;( el cuerpo y el alma racional en el hombre).
2)  Emanativa - (del latín Emanative): O sea, las fuerzas, energías y potencias que emanan naturalmente de la esencia del Alma;( el entendimiento y la voluntad y la memoria en el hombre).
3) Operativa –(del latín Operative): Todo lo que la naturaleza puede producir por sus propias fuerzas u operaciones;( los actos de entender y de amar en los seres racionales).
4)  Pasiva –(del latín Passive): Todos los fenómenos que otros agentes naturales y Físicos que le pueden naturalmente (causar, frío, calor...).
5) Requisitoria–(del latín Exigitive): Todo lo que esa naturaleza exige para su propia perfección natural; (el concurso divino necesario para que pueda obrar cualquier causa segunda en su propia esfera).
6) Merecida o Merito–(del latín Meritorie): O sea, el derecho al premio natural proporcionado. Se refiere únicamente a las acciones morales y libres en el orden puramente natural o ético.

Nociones de Lo sobrenatural:  —De los principios que acabamos de sentar se deduce que «sobrenatural» será aquello que de alguna manera exceda, rebase o trascienda lo puramente natural en cualquiera de sus acepciones. Según esto: Para la naturaleza individual como colectivamente considerada, todo aquello que rebasa y trasciende las leyes de la misma naturaleza. Y «sobrenatural» a todo aquello que está fuera y por encima de su esencia natural.

Para la naturaleza humana desde el punto de vista dinámico, todo lo que está fuera y por encima de sus exigencias y operaciones naturales se mueve en las esferas de lo sobrenatural no puede ser exigido por la naturaleza, pero puede perfeccionarla, si se le concede gratuitamente por Dios. «Es porque lo sobrenatural no es contradictorio con nuestra naturaleza humana, sino muy conveniente a la naturaleza; no ciertamente según sus fuerzas, exigencias, etc., sino según su potencia obediencia o elevable a la visión Beatifica de Dios en su Esencia.

De manera que sobrenatural no significa «contranatural»,sino que trasciende la naturaleza humana, esto es, que está sobre lo natural. Lo contranatural es aquello que va contra la inclinación de alguna naturaleza.  Es lo mismo que violento. Lo sobrenatural, en cambio, no va de ningún modo contra la inclinación de la naturaleza, sino que únicamente la supera. No es de ningún modo violento para ella, porque—como explica Santo Tomás:

Dios no hace violencia a las criaturas cuando obra en ellas, según su principal inclinación, que es la de obedecer a su Creador,al cual están más connaturalmente sometidas en el cuerpo al alma su Divina voluntad. 


No debe confundirse tampoco lo sobrenatural con lo libre, o lo artificioso, o lo fortuito, aunque estas tres cosas se distingan de algún modo de lo natural, en cuanto que la naturaleza está siempre determinada a las acciones libres, en cambio—lo mismo que la obra artificiosa no están determinadas por la naturaleza, sino que necesitan una nueva determinación, que se hace por la deliberación y libre albedrio. Y lo casual y fortuito o el azar tampoco está determinado por la naturaleza, ni es causado por la deliberación, sino que se produce en la naturaleza por accidente, como dicen los filósofos. Pero es claro que, ninguna de estas tres cosas rebasa la esfera de lo puramente natural; y en este sentido distan infinitamente de lo sobrenatural, que rebasa y trasciende todo el orden de la naturaleza con todas sus exigencias y combinaciones posibles.

División de lo sobrenatural: Vamos a recordar únicamente las dos principales divisiones que nos interesan aquí. En cuanto a lo Sobrenatural absoluto y relativo. Ante todo, es menester distinguir cuidadosamente lo sobrenatural absoluto, de lo sobrenatural relativo, Se entiende por sobrenatural absoluto, o simplemente, todo aquello que excede la proporción de toda naturaleza creada o creable, o sea, lo que supera las fuerzas y exigencias de cualquier creatura. Este sobrenatural absoluto se subdivide, como veremos en seguida, en sobrenatural y sustancial (que es el de los misterios estrictamente dichos, el de la gracia y la gloria) y sobrenatural de estos medios (que son el propios y característico de los milagros).

 Lo Sobrenatural relativo, o calificado, es aquello que excede únicamente la proporción de alguna naturaleza creada, pero no la de toda naturaleza creada. Y así, por ejemplo, lo que es natural y específico en el hombre (entender, amar), sería sobrenatural para un perro, que carece de las facultades necesarias para hacer esos actos; lo que es puramente natural en un espíritu angélico. o en el demonio, podría ser sobrenatural para el hombre por exceder sus fuerzas humanas., los prodigios diabólicos, que tienen apariencias de milagro. A esta manifestación sobrenatural relativo se le suele llamar también, y más propiamente, «preternatural», como veremos en su lugar.

Lo Sobrenatural en sustancia y forma». —Según la doctrina de la Iglesia, hay, al menos, una doble sobrenaturalidad, a saber:

a) La del milagro estrictamente dicho, que excede las fuerzas eficientes y las exigencias de cualquier naturaleza creada, pero no las fuerzas cognoscitivas de la naturaleza racional.

b) La sobrenaturalidad de los misterios estrictamente tales y la de la gracia y la gloria, que excede no sólo las fuerzas eficientes y las exigencias, sino también las fuerzas cognoscitivas y apetitivas de cualquier naturaleza intelectual creada.

Para explicar esta distinción, los teólogos establecen comúnmente la división de lo sobrenatural en lo sustancialmente en el límite de la razón humana, Ejemplo de lo primero tenemos en el milagro de la resurrección de un muerto la resurrección a de su amigo Lázaro, en el que de la vida natural devuelve sobrenaturalmente a un cadáver. Ejemplo de lo segundo nos lo da un acto natural de una virtud ordenada por la caridad al premio de la vida eterna. que en este hecho nuestro Señor Jesucristo   por amor en la voluntad del Padre lo resucito (Jn 1,43).

Es muy fácil reducir esta división de lo sobrenatural a la división por las cuatro causas, tal como suelen hacerla los teólogos. Veamos cómo la expone de Santo Tomás:
«Hay que advertir que la sobrenaturalidad puede convenirle a alguna cosa por un triple principio, a saber, por: La causa eficiente, peor la causa final y por la causa formal:

1) Por la causa eficiente: Por parte de la causa eficiente se llama sobrenatural a alguna cosa cuando se hace de un modo sobrenatural, ya sea sobrenatural la cosa hecha, ya natural; como la resurrección de un muerto o la iluminación de un ciego son sobrenaturales en cuanto al modo, aunque la cosa realizada sea natural, a saber, en la vida del hombre.

2) Por la Causa final: Por parte de la causa final se llama sobrenatural a lo que se ordena al fin sobrenatural por un agente extrínseco y extrínseco; como el acto de la virtud de la templanza, o de cualquier otra virtud adquirida, si se ordenan por la caridad al mérito de la vida eterna, reciben en sí el modo sobrenatural de la ordenación a tal fin. De este mismo modo, la humanidad de Cristo tiene el modo sobrenatural de unión al Verbo, al que se ordena como a fin y término de la unión de lo Divino y lo Humano.

3) Por la Causa formal: Por parte de la causa formal se llama sobrenatural a alguna cosa cuando, por su propia razón formal especifica se refiere a un objeto sobrenatural; y solamente a ésta se la llama sobrenatural en cuanto a la substancia, esto es, en cuanto a la especie y a la naturaleza del acto, que se toma del objeto formal» Ejemplos:

+la Transformación del Agua en Vino + La multiplicación de los panes y los peces, +La resurrección de la muerte a la Vida, y+ la Transubstanciación de la especie del Pan y del Vino en el cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía; nos hablan de las de las Causas Ciertas y verdaderas de La causa eficiente, la causa final y la causa formal y las manifestaciones sobrenaturales de un Milagro propiamente dicho.


El siguiente cuadro Sinóptico ilustra gráficamente de tal forma que permita la comprensión de los fenómenos místicos y sus diferentes operaciones y categorías según el padre Garrigou-Lagrange; en cuanto a la Causa la forma intrínsecas y extrínsecas y las razones los fines y causa eficiente de sus diversas manifestaciones.


Al estudiar las fuentes de los fenómenos aparentemente místicos, hemos de contentarnos con someras indicaciones. No podemos desarrollar ampliamente un tema que abarca casi toda la Teología de los ángeles y que rebasaría desorbitadamente los límites de nuestro estudio. Por lo tanto, en la segunda catequesis profundizaremos sobre la Doctrina de Teológica sobre la influencia Demoniaca en lo referente a las nociones preternaturales en los Fenómenos Místicos.

Son diversos y numerosos pasajes Bíblicos que narran desde el Antiguo testamento la manifestación y Teofanías de los Fenómenos Místicos y el poder del Espíritu de Dios delante del Pueblo de Israel en los Patriarcas, Sacerdotes, jueces Reyes y Profetas. En el Nuevo Testamento estos fenómenos se revelan con mayor plenitud en los Milagros realizados por Jesús, con el poder por obra y gracia del Espíritu a los Santos apóstoles en la nueva alianza y eterna por la promesa de Jesús hecha a sus discípulos:

(Jn 14. 12,16) "En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros.

+++ Bendiciones

Fuentes  Bibliograficas: S.TH-, I - I I , i r i ; 11-11,171-178; Contra gentes III-154; VALLGORNERA, Mystica Theologia divi Thomae q.3 disp.5 (ed. Marietti, i o n ) ; BENEDICTO XIV, De servorum Dei beatificatione;
CARDENAL BONA, De discretione spirituum; SCARAMELLI, Directorio místico tr.4; Discernimiento de los espíritus; LÓPEZ EZQUERRA, Lucerna mystica; RIBET, La mystique divine tr.2-3 y 4 ;
FARGES, Les phenoménes mystiques; GARRIGOU-LAGRANGE, Perfection... c.5 a.5; Tres edades